viernes, 1 de septiembre de 2017

UNA VIDA SAGRADA

Hermanos: Por Cristo Jesús os rogamos y exhortamos: Habéis aprendido de nosotros cómo proceder para agradar a Dios; pues proceded así y seguid adelante. Ya conocéis las instrucciones que os dimos, en nombre del Señor Jesús. Esto quiere Dios de vosotros: una vida sagrada, que os apartéis del desenfreno, que sepa cada cual procurarse mujer santa y respetuosamente, no por pura pasión, como hacen los gentiles que no conocen a Dios. Y que en este asunto nadie pase por encima de su hermano ni se aproveche con engaño, porque el Señor venga todo esto, como ya os dijimos y aseguramos. Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada. El que desprecia este mandato no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os ha dado su Espíritu Santo. (1 Tes 4, 1-8)

Esto quiere Dios de vosotros: una vida sagrada... Dios no nos ha llamado a una vida impura, sino sagrada. 

Dios quiere de nosotros, quiere de mí, una vida sagrada.
A primera vista, la palabra sagrada me lleva automáticamente a lo "perfecto", "sin pecado". Después rectifico porque, nosotros, las "personas comunes" y hasta las "oficialmente canonizadas" -San Francisco de Asís, San Ignacio de Loyola, San Andrés Huberto, Santa Juana Isabel Bichier...- tenemos nuestras debilidades, nuestros fallos. 

Nuestra vida, mi vida puede ser "sagrada" si vivimos conscientemente nuestra consagración al Señor. Y no sólo expresamente los consagrados "oficiales" como religiosos, sacerdotes, vírgenes consagradas, etc., sino todas las personas consagradas por nuestro Bautismo.

Señor, gracias por motivarme a vivir una vida sagrada, a pesar de mis fallos y defectos; gracias por confiar en mí y dar sentido a mi vida, con la humildad de mi pecado.

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