lunes, 5 de marzo de 2018

LA FE

También había muchos leprosos en Israel, en el tiempo del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, el sino. Al oír estas palabras, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron y, levantándose, lo empujaron fuera de la ciudad, hasta un lugar escarpado de la colina sobre la que se levantaba la ciudad, con intención de despeñarlo. Pero Jesús, pasando en medio de ellos, continuó su camino.
(Lc 4, 27-30)

También nosotros podemos pensar que somos más que otros y dejamos de escuchar a Dios que nos habla a través de ellos. Dios viene a nuestra vida de muchas maneras, pero estamos tan apoyados en nuestras seguridades que no le permitimos que nos enseñe algo nuevo.
(Mons. Víctor Manuel Fernández)

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